Entrevistas #2: Irene Reig e Laura Murillo, Factoría Cívica (València)

Sevilla, 14 de janeiro de 2017

Acordamos antes de las 6:00 para tomar el tren hasta València, ocho horas de viaje. Todavía oscuro, tomamos un tranquilo autobús vacío que parecía el metro hasta la estación de trenes Sevilla Santa Justa, incluso avisaba de las paradas con una suave voz femenina grabada. El viaje fue bueno: el tren era cómodo, a pesar de parar mucho en varias ciudades de la región. Acabamos durmiendo, escribiendo, haciendo fotos del paisaje del interior de Andalucía. Dos compañías: la revista Yorokobu, conocida por su hermoso diseño gráfico, textos leves e interesantes, y un lema: Take a Walk on the Slow Side. Y un libro comprado ayer por la noche em la Alameda de Hércules por 1 euro: “La Vida del Buscón llamado Don Pablo”, de Francisco de Quevedo. Es una novela picaresca, llena de iglesia, lecciones de moral, y situaciones curiosas típicas de la España de la época – su primera edición es de 1626, publicada sin el permiso del autor, algo común en aquella época de manuscritos reescritos, pasados de mano en mano por las manos las calles de la minoría lectora de aquel joven reino español del siglo XVII, que vivía tiempos de cortes enriquecidos de los saqueos recién iniciados en América invadida.

València, 15 de Janeiro de 2017

Día de caminar por la Ciudad de Las Artes y Ciencias, Hemisféric Imax, Palau de Les Arts Reina Sofía, un complejo de edificios suntuosos diseñados por los arquitectos Santiago Calatrava y Félix Candela e inaugurado a finales de los años 1990. El parque alrededor de los edificios estaba lleno de gente paseando tranquilamente un domingo de sol algo frío, 5 a 8º C. En el parque son todas construcciones que no nos recuerdan las calles estrechas y seculares de Sevilla, aunque Valencia surgió en la época del Imperio Romano, en el año 138 aC, habitada inicialmente en una isla fluvial entre el Mar Mediterráneo y el río Turia – justamente sobre una desviación del antiguo cauce del río es que se construyeron los edificios del complejo de la Ciudad de Las Artes y los llamados Jardines de Turía. En esta región, la impresión es que todo funciona muy bien, con flujos de movimiento humano (en las aceras, en el asfalto) bien controlados, como si todo ya hubiera sido proyectado para ser moviendo exactamente como se mueve. ¿Somos marionetas en una gran maqueta futurista?

València, 16 de janeiro de 2017

Caminamos por el Casco Viejo, donde se concentran los edificios antiguos de la ciudad – ahí, sí, más cercanos a los de Sevilla. Escondido en muros de calles estrechas (y otras ni tan estrechas) del Centro, encontramos “The Photographer”, una imagen-icono grafida en varios puntos de la ciudad (más registros aquí). Luego, seguimos caminando por la playa próxima al barrio donde nos quedamos, El Cabanyal, una bonita zona costera con arenas finas, mar azul, estructura turística ahora vacía, pero que debe abarrotar en el verano. Por la playa, llegamos a Marina para encontrar a Irene Reig Alberola y Laura Murillo Paredes, y en el edificio conocido como Alinghi. Después de la charla seguimos caminando por el espacio con las entrevistadas, que nos contaron un poco de la historia de la región mientras el viento helado venido del mar estallaba en el rostro y hacía eco en los oídos.

 

¿Cómo se cambia el espacio público de una ciudad? Tal vez usted ya se está preguntando esto, y es probable que haya respondido: ni idea. O bien: no sé cómo, pero quien cambia son los gobiernos, sólo ellos construyen parques, plazas y tienen ese poder de alterar el paisaje de una ciudad. El papel de cada habitante se resume a votar bien para elegir representantes que puedan transformar la ciudad. Y cobrar para que estos por lo menos no cambien para peor el paisaje urbano de la urbe.

Pero es sólo eso mismo que cambia el espacio? No hay como un grupo de personas, sin la intervención del gobierno – o con una intervención puntual, coadyuvante – hacer que la plaza principal del barrio donde viven sea más, de hecho, humana? El urbanista danés Jan Gehl escribió en su libro “Life Between Builidings” (que se convirtió en película), que la calidad de áreas externas de una ciudad es mejor cuando, además de las actividades necesarias (ir a comprar comida, al trabajo, a la escuela, esperar autobuses em las paradas), las actividades opcionales también ocurren con frecuencia. Es decir: cuando un lugar no es sólo de paso para hacer algo, pero cuando es también fin, destino final, parada para observar el movimiento de las otras personas o para encontrar un amigo. Y cuanto más actividades opcionales ocurren en ese lugar, más también el número de actividades sociales: chistes de niños, conversaciones entre vecinos, tomar un mate (si estamos en el sur de Brasil y de América del Sur), actividades colectivas de varios tipos que pueden ocurrir porque hay gente haciendo otras cosas allí que no sea simplemente andar. ¿Sería posible un habitante de una ciudad ayudar a hacer sus espacios públicos más propicios a no sólo actividades necesarias, sino también actividades opcionales y sociales?

Irene y Laura, arquitectas, urbanistas y moradores de València, son algunas de las que creen que las personas también pueden ser protagonistas de los cambios en el espacio público de la urbe. Integrantes de la red internacional Civic Wise, que promueve ideas y acciones prácticas de mejora en los espacios, ellas entienden que la inteligencia colectiva puede ser aplicada en el diseño colaborativo del territorio que habitamos. No sólo en la fiscalización de acciones a ser realizadas por las administraciones públicas, sino también en la proposición de acciones a ser hechas. Y, con el apoyo de esa misma administración pública, de las universidades, del sector privado y de otros habitantes de la ciudad, en la realización de esas acciones. Manos a la obra mismo, aunque pequeñas obras. Pero si los cambios salen de algún lugar, ¿no serían más de los pequeños?

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La red Civic Wise nació en 2015 y dos años después ya tenía 40 miembros activos y más de 400 personas integradas en diversas ciudades del mundo, especialmente en España, Francia, Italia e Inglaterra, pero también en Brasil – en Porto Alegre, el colectivo Translab.URB forma parte de la red. Son, en su mayoría, arquitectos, urbanistas y otros profesionales (o no) comprometidos en la construcción colectiva de ciudades más humanas – o de una Ciudad para la gente, como se ha consolidado el término para designar una ciudad que tenga por foco la construcción y el mantenimiento de espacios públicos que ocurren más actividades opcionales y sociales, para quedarse en la definición de Jan Gehl, que no por casualidad tiene un libro titulado “Ciudad para la gente” publicado en 2014 por la editora Infinita en español.

En estos años de actividad, la red tuvo encuentros – los global camps, en 2018 a realizarse en España, en las Islas Canarias – talleres, reuniones y otros tipos de actividades para presentar sus propuestas y comprometer públicos más amplios. Construyó también un conjunto de metodologías prácticas para la acción en el territorio, entre las cuales está la Factoría Cívica, un espacio de construcción colectiva y abierta de una ciudad. València es la primera Factoría de la red, que fue activada en el segundo semestre de 2016 a partir del trabajo de Irene, Laura, Domenico de Siena y otras.

La Factoría dio salida a partir de un festival, Civic Factory Fest, en noviembre de 2016. Después de algunos meses de discusión, el Festival se organizó como un encuentro presencia con una duración de cuatro semanas y el objetivo de generar un espacio común de debate, aprendizaje y trabajo colectivo entre las personas e instituciones (Universidad Politécnica de València, Ayuntamiento Municipal y algunas empresas privadas) participantes. Como nos contó Irene y Laura, fueron cuatro las etapas de activación de la Fábrica, cada una con una semana de duración y articuladas en torno a seis áreas temáticas, ilustradas en la siguiente imagen, retirada de la página de Domenico:

Fotos de Laura Murillo en La Civic Factory Fest

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El lugar elegido para realizar la primera Factoría Cívica fue un edificio, llamado de Alinghi, en la región conocida por Marina de València. Situado al norte del puerto de la ciudad, Marina es una especie de puerto deportivo y turístico creado en 2007, inicialmente para albergar la 32ª edición de la American Cup, considerada la regata más importante del mundo. Cerca de la playa de Las Arenas, tiene edificios rústicos y modernos que desatan de su entorno, principalmente del barrio vecino de El Cabanyal, región de edificios bajos y vida sencilla alrededor del mar, refugio de muchos inmigrantes y símbolo de resistencia ciudadana: es conocido en España toda la lucha de más de 15 años que sus habitantes protagonizaron al barrar, en la justicia y en las calles, la construcción de una avenida que que iba a destruir 1000 casas y dividiría el barrio.La Marina suele recibir grandes barcos y cruceros que circulan por el Mediterráneo, en recorridos que suelen pasar por Marsella (Francia), Génova, Palermo (Italia) y, principalmente, Mallorca e Ibiza, baladas islas de los archipiélagos de las Baleares, en el litoral español, donde viven más de un millón de personas.

Pero no todos los edificios son ocupados todos los días en la función de recibir y dar soporte a Marina. También para ver este espacio más activo es que se dio la articulación de la Civic Wise, realizada en los meses anteriores a la Civic Factory Fest, con la Administración Municipal, responsable de Marina, para que ceder el uso del Alinghi para la construcción de una Factoria Cívica allí . En 2016, el apoyo de la alcaldía -en aquella época, Joan Ribó, elegido por la coalición Compromís, creado por partidos de izquierda en los moldes de otras alianzas municipales en España, como en Barcelona y Madrid- fue importante en la celebración del encuentro en noviembre.

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La idea de una Factoría Cívica no fue la de crear un espacio para actuar y pensar la ciudad que fuera de la Administración Pública, sino la de crear una comunidad de personas e instituciones de la cual el gobierno, así como empresas privadas, también pueden participar. Pero es un hecho que un espacio híbrido en los moldes de la Factoría -un lugar ni estatal ni privado, sino un poco de cada y otro tanto de la propia comunidad- no es fácilmente comprendido por Administraciones Públicas, incluso en España y en gobiernos más progresistas como lo de Ribó en València. Para iniciativas como la Factoría o como los laboratorios de innovación ciudadana, por ejemplo, la necesidad de existir pasa también por pensar las instituciones de otra forma. Tal vez pensar en instituciones por y para las personas, como propone Rodrigo Savazoni, director del Instituto ProComún, o como “Extituciones”, término que aparece en Foucault y Michel Serres, y discutido aquí a partir de António Lafuente y del Vivero de Iniciativas Ciudadanas (iniciativa que también hablamos en Enfrenta y va a aparecer aquí más adelante). Es un concepto que parte de la idea de que las rupturas promovidas por las nuevas tecnologías de información y comunicación nos llevan a arreglos que niegan lo que existía antes y no llegan a conformar modelos estables sino “extitucionalizados”. En vez de crear fronteras entre el interior y el exterior, la extitución busca crear conexiones entre el interior y el exterior.

Discussiones ex-ins titucionales aparte, el hecho es que en 2017 la Factoría se mudó de la Marina y está sucediendo en diversos espacios de la ciudad a partir de encuentros y acciones periódicas. Una de estas acciones ganó sede: la Escuela de Innovación Cívica, creada en octubre de 2017, como una “Extitución”, como ellos mismos se nombra, con sede en el espacio de innovación Las Naves. La idea es dedicarse a agregar actores locales e internacionales para estudiar y actuar en la realidad del territorio. Es un nuevo camino de la Factoría Cívica, una reinvención como forma de organizar, pero que todavía apunta al ciudadano en el centro de las decisiones sobre el lugar en que viven. Si El Cabanyal resistió los cambios propuestos por la Administración Pública a partir del enfrentamiento, la Factoría Cívica de València quiere transformar a partir del diálogo. ¿Quién va a decir que esa no es una forma posible de cambiar la realidad de un espacio público?

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Factoría Cívica: Un espacio, una comunidad y / o una metodología de construcción colectiva y abierta del territorio a partir de la inteligencia colectiva.


Escola d’Innovació Cívica: Escuela de innovación creada por Civic Wise, en asociación con el espacio de innovación Las Naves, con foco en la investigación y formación sobre innovación y diseño cívico.

VÍDEO
La entrevista (editada) tiene 15 minutos y fue grabada em 16 de enero de 2017.

MÁS:

_ Rádio Malva, espacio anarquista y de música variada con sede en El Cabanyal. ¡Compañera de nuestras cenas en la ciudad!

_ La Paella,uno de los platos más icónicos de la culinaria española, es oriundo de los alrededores de València. Una de las variantes más tradicionales se llama, justamente, paella valenciana, hecha con pollo, conejo, pato y mariscos, además del azafrán, condimento tradicional del plato, y el arroz bomba, un tipo especial de arroz cultivado en la región, de grano más gordito y que recuerda el cateto brasileño.

_ O GP Europa de Fórmula 1 se realizó en València, en la región de Porto y de la Marina, entre 2008 y 2012. Era un circuito de calle, con 5419 Km, que fue descontinuado en el 2012 por diversos factores: relevo con otros circuitos en España, crisis financiera, falta de interés de la administración pública en continuar.

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